domingo, 6 de enero de 2013

12 Angry Men (Doce hombres sin piedad) - (1957) - (Director: Sidney Lumet)


TÍTULO ORIGINAL: 12 Angry Men
AÑO: 1957
DURACIÓN: 95 min.
PAÍS: EE.UU.
DIRECTOR: Sidney Lumet.
GUIÓN: Reginald Rose (Teatro: Reginald Rose).
MÚSICA: Kenyon Hopkins.
FOTOGRAFÍA: Boris Kaufman.
REPARTO:
Henry Fonda, Lee J. Cobb, E.G. Marshall, Jack Warden, Ed Begley, Martin Balsam, John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, Edward Binns, Joseph Sweeney, George Voskovec.
PREMIOS:
1957: 3 nominaciones al Oscar: Mejor película, director, guión adaptado
1957: BAFTA: mejor actor extranjero (Henry Fonda). Nominada a la mejor película
1957: 4 Nominaciones a los Globos de Oro: película drama, director, actor y actor sec. (Cobb)
1957: Festival de Berlín: Oso de Oro, Premio OCIC.
SINOPSIS:
En un juicio sobre asesinato, todo el jurado ve culpable al acusado, excepto un miembro, el jurado número 8, que sembrará de dudas razonables la habitación donde deliberan los doce hombres del jurado con la intención de no condenar a un posible inocente sin haber reflexionado como la situación merece.

COMENTARIOS:
Hablar de “Doce hombres sin piedad” es hablar de autentico cine. Aunque podría tratarse de una obra de teatro, presenta una historia tan fascinante y bien construida que permite su reproducción en un mismo escenario durante toda la película, lo que aporta un toque agobiante tremendo.
En toda película de juicios nos encontramos a los de siempre: el acusado (inocente o culpable), el abogado (con discurso final moralista perfecto para lucirse), el fiscal (tipo duro y grandilocuente que solo quiere ver cumplida la ley), el juez (un canoso señor aburrido que acabará aportando la guinda al pastel), los testigos sorpresa (a los cuales el abogado se come con patatas) o incluso el ujier (que llegados al clímax de la película tendrá que sujetar al acusado cuando se levante a protestar).
 
Siempre es lo mismo amigos, siempre. Pero la película de Sidney Lumet presenta una diferencia, sus protagonistas van a ser unos personajes presentes en casi todas las películas de juicios pero a los que se les da casi menos importancia que al público, el jurado.

“Doce Hombres sin Piedad” es una caracterización de 12 tipos diferentes de personas que unidas presentan un fiel retrato de la sociedad. Sus temores, su seguridad, sus dudas, sus creencias, su forma de razonar o expresarse, ya sea mediante palabras o gestos, es un claro guiño a la más básica confrontación entre los seres humanos.
Veamos, la película trata del proceso de deliberación de los miembros del jurado de un juicio por homicidio. Al parecer, un chico de los bajos fondos ha asesinado a su padre con una navaja automática. De ellos depende la sentencia, y en el caso de que unánimemente decidan declararle culpable, el destino del chaval sería la silla eléctrica. En un principio, la mayor parte de los miembros del jurado ven al chico culpable y comienzan votando a mano alzada. Todos levantan la mano excepto uno. El número ocho (Henry Fonda), que pide a los demás que lo hablen, ya que es la vida del muchacho la que está en juego y deberían tomarse más en serio lo que están a punto de hacer. No sabe si el muchacho es culpable o inocente, ya que en realidad, eso solo lo saben el chico y el fiambre. Otra cosa es lo que él o ellos crean, y él no lo sabe. Aquí comienza una lucha en solitario del número ocho tratando de convencer al resto de los miembros de los fallos de la defensa o las lagunas del propio juicio.
Al igual que Robert Mulligan con “Matar a un Ruiseñor”, “Doce hombres sin piedad “ fue dirigida por un joven sin experiencia en el cine pero si en el teatro y en la televisión, Sidney Lumet, que lograría la primera de sus cuatro nominaciones como mejor director con esta película, su opera prima. Aunque sin experiencia práctica en el mundo del cine, Lumet si estaba empapado de cine y televisión, y conocía ese mundo. Aportó además movimientos de cámaras pocos frecuentes en aquella época que dieron un toque muy elegante y en ocasiones dramático a la escena en cuestión.

Además contó con la superestrella, Henry Fonda, que además participó como productor (o a saber si fue al revés) y con secundarios de lujos o que a la larga se convertirían en tal, como Lee J. Cobb, que está a la altura de Fonda en todo momento; Martin Balsam o E.G. Marshall.
La película abarca varios temas, y entre ellos yo destacaría el de objetividad que se supone ha de tener un jurado o un juez en un juicio, el evitar mezclar lo personal. El personaje de Henry Fonda es objetivo en todo momento, no dice que el chico sea culpable, pero tampoco inocente. Únicamente quiere que debatan el juicio, ya que el cree que no ha sido todo lo justo o correcto que debería haber sido. El personaje de Lee J. Cobb, al contrario, toma como personal el juicio, identificando al chico con su propio hijo y al padre asesinado como a el mismo al abandonarle su hijo.
Para ir acabando, en mi opinión hay tres tipos de películas: Las películas normales (que pueden gustar o no y que no son precisamente obras maestras); las grandes películas (que según los expertos y entendidos son obras maestras pero que no gustan a todos); y las obras maestras, aquellas que unen a crítica y público, esas son las grandes películas, ya que su mensaje es universal.

Doce Hombres sin Piedad. Extraordinaria.


Tráiler:


Calificación: 5 de 6.

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