viernes, 31 de mayo de 2013

Kim Ki-duk (Director)



 

Kim Ki-duk

1960 (Bonghwa, South Korea)

Director

Introducción:

Kim Ki-duk es un director de cine surcoreano. Es uno de los más conocidos representantes de la vanguardia cinematográfica de ese país. Proviene de una familia de clase obrera y no ha recibido formación técnica como cineasta, comenzando su carrera a la relativamente tardía edad de 33 años como guionista y director.

Su cine hay una voluntad autoral claramente manifiesta en la creación de un universo compacto y coherente lleno de recurrencias y lugares comunes. Sus personajes, casi siempre (la excepción vendría únicamente por Time), se mueven en la tangente de la sociedad. De la misma manera, sus historias desde Hierro 3 se han ido desplazando progresivamente hacia un espacio etéreo entre realidad y onirismo hasta llegar al extremo de Dream, donde la lógica de los sueños anula ya por completo la causalidad realista.


Autor de varias obras a veces altamente experimentales, es distintivo el ritmo pausado de su cine, el fuerte contenido visual muchas veces cruento, el parsimonioso uso del diálogo y el énfasis en elementos criminales o inadaptados a la sociedad. Este último refleja la posición de Kim dentro de la sociedad surcoreana en general, y el ámbito fílmico en particular.

Biografía:

Kim nació el 20 de diciembre de 1960 en Bonghwa, en la provincia de Gyengsang del Norte, en el seno de una familia rural. Trasladados a Seúl cuando tenía 9 años, se educó para trabajar en agricultura, pero abandonó su formación para trabajar como obrero fabril a los 17 años. Se alistó en la infantería de marina del ejército surcoreano a los 20 años, y prestó servicio como suboficial hasta los 25; a su baja, se dedicó a la pintura —una afición desde niño—, ganándose la vida como acólito en un templo budista.

De acuerdo a Kim, fue en París donde acudió por primera vez al cine; entre las primeras películas que vio se contaron El silencio de los corderos de Jonathan Demme, y Los amantes del Pont Neuf, de Léos Carax, que le causaron ambas una gran impresión. De regreso en su país natal, su recién descubierta afición le llevó a presentarse a varios concursos de guión; en 1993 obtuvo el premio mayor del Instituto Nacional del Guión de Corea del Sur por Un pintor y un criminal condenado a muerte. En 1994 logró la tercera plaza del concurso organizado por el Concejo Coreano de Cine (KOFIC) con Doble exposición, y al año siguiente el premio mayor del KOFIC por Cruce imprudente. Aunque ninguno de estos guiones llegó a rodarse, su éxito le permitió obtener un contrato con Joyoung Films para rodar Cocodrilo la brutal historia de un grupo de personas sin hogar que viven bajo un puente sobreviviendo a fuerza de astucia y violencia. Cocodrilo anticipó la conjunción de fotografía delicada y trama brutal que caracterizaría a la obra subsiguiente de Kim; obtuvo poco éxito con la prensa local, pero consiguió una plaza en el Festival Internacional de Cine de Pusan, donde se proyectó en la sección Panorama Coreano.


El festival de Pusan sería uno de los principales puntos de exhibición de Kim en los años siguientes. Su primer guión se transformó en Animales salvajes, rodada en 1996 en las calles de París, que se exhibió en el Festival Internacional de Vancouver. En 1998 Paran daemun se elaboró sobre otro guión premiado por KOFIC y tuvo más exposición internacional, proyectándose en la Berlinale y en el Festival de Cine de Karlovy Vary; un cambio rotundo en el estilo fílmico de su autor, es un híbrido entre melodrama adolescente y denuncia social, ambientado en una pequeña ciudad portuaria donde una joven prostituta es el único sustento de la familia que mantiene el pequeño hostal donde lleva a sus clientes. La relación agridulce entre la hija de la familia empobrecida y la prostituta es uno de los puntos centrales del film, evocado luego en otras obras del autor.

En 2000 rodaría dos películas: la muy experimental Ficción verdadera Real Fiction ( Siljae Sanghwang), rodada en apenas 200 minutos y montada en tiempo real, acerca de un artista callejero, su ex novia, y otros personajes que atraviesan la plaza en la que éste ofrece sus obras durante la hora larga que dura el film, y la obra que le representaría el salto a la fama crítica internacional: La isla (Seom). Una morosa narración de la relación entre un fugitivo de la ley y la propietaria de un centro de pesca, en la que los inquilinos habitan tiendas flotantes en el lago. La isla se hizo notoria entre otras cosas por la crudeza de algunas de sus escenas, que llevaron al desmayo de un crítico en su premiere en el Festival Internacional de Cine de Venecia. La presencia de una prostituta, una figura recurrente en la filmografía de Kim, atrajo la ira del público coreano, y la violencia de algunas de las escenas provocó reacciones de desagrado, pero la obra estableció firmemente a su autor como una presencia significativa, y se proyectó en una docena de festivales en todo el mundo.



De algún modo, en “La isla” aparecen todas las constantes de su filmografía. Así, nos encontramos ante unos encuadres bellísimos, llenos de lirismo, pero a la vez salpicados de una violencia atroz. Existe una predilección por mostrar a animales maltratados (a menudo peces, pero también perros) y un trato incluso vejatorio hacia las féminas, ya sea como sujeto pasivo que sufre frente a la fuerza masculina o como persona activa que incita al hombre a la perdición.

Domicilio desconocido (Suchwiin bulmyeong) abrió el festival de Venecia al año siguiente, y Nabbeun namja , una nueva incursión en el mundo de la prostitución forzada y la violencia como vínculo amoroso— fue su primer éxito de taquilla, entre otras razones gracias a la presencia de Jo Jae-hyeon en el papel principal.

Su siguiente película, El guardacostas (Hae anseon) contó con la presencia de una estrella local, Jang Dong-kun, Kim Ki-duk cree firmemente en la fuerza de la imagen. Por ello, en sus films abundan metáforas visuales. Hasta el extremo de que todo The coast guard es un símbolo de su posición política antibelicista sobre la problemática entre las dos Coreas.


Sensacional me parece esta propuesta del director coreano Ki-Duk Kim. De nuevo, nos sumerge en un mundo donde la locura y la soledad se entrecruzan. Ejercicio salvaje, de cruda violencia y de descenso a los infiernos de una mente perturbada.


La fabulosa fotografía y la completa banda sonora no consiguen disimular este barroquismo de sangre y sufrimiento. Puede ser, que sea en esta película, donde comience a mostrar un dominio ejemplar del encuadre, donde unos escenarios y naturalezas desoladas que siempre utilizó para recrear sus guiones, empiecen a formar parte de las historias, más que ser un mero acompañamiento. El combate de boxeo en el agua es impactante (que sin duda es lo que buscaba su director) y su salvajismo es jodidamente hermoso.

Gran actuación de Dong-Kun Jang estira su papel hasta el límite, hasta lo imposible. Más o menos es siempre lo que busca el realizador coreano, llevar las cosas un poco más allá de lo que debiera, intentando sacar de quicio al espectador.

Fantástico el final, el acercamiento a una sociedad que siempre espía desde la barrera de la seguridad. (Chagolate con churros).

En el 2003, "Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera" (Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom) atrajo nuevamente la atención masiva, sobre todo por la mayor accesibilidad de un film desprovisto por completo de violencia. Con la primera presencia de Kim frente a las cámaras en el papel de un anciano monje budista, sus obsesiones con la violencia, la crueldad y la futilidad cíclica de la vida se desplazan ahora al comentario de las diversas pasiones que atraviesan la vida de una persona. Fue también la primera de sus películas en alcanzar distribución a gran escala fuera de los festivales y, fijó las bases para que las posteriores Samaria (que obtuvo el Oso de Plata al mejor director en Berlín en el 2004) y Hierro 3 (ganadora del premio equivalente en Venecia) aparecieran en el circuito comercial.


En “Samaritan Girl” se desvelan dos aspectos de cambio en el cine de este director: por un lado, una evolución formal, en base al despojamiento de elementos en sus encuadres. Sus planos respiran armonía y lirismo, y al igual que en “Hierro 3”, huye de excesos visuales y se acerca a una planificación muy sencilla, pero tremendamente elocuente. Por otro lado, se aprecia una evolución más introspectiva, con la presencia de unos personajes que son capaces de afrontar de manera menos agresiva sus problemas, ayudados por la fe y la espiritualidad. En este título prima más la concepción cristiana, en una protagonista que para redimir sus pecados y los de su amiga se mueve entre la penitencia y el martirio. Así, Yeo Jin es un personaje que también evoluciona, desde el pecado hasta la pureza. No lo es tanto su padre, al menos en un principio, un personaje arquetípico en su cine, que usará la violencia como arma para desembarazarse de la culpa, pero que finalmente y a través de un viaje tanto físico como metafórico, logrará la paz interior.

Al igual que en sus otros títulos, Ki-Duk utiliza como base un problema social (en este caso, uno de sus favoritos, como es la prostitución) para reflexionar sobre las relaciones paterno-filiales y el desencuentro entre los padres y sus hijos en la Corea moderna. El surcoreano nos presenta un cuento de alto carácter moral, pero que jamás cae en la moralina barata. Kim Ki-Duk simplemente nos sitúa ante sus protagonistas y permite que sea el espectador quién decida si éstos se merecen o no el perdón. Y este aspecto en el cine de hoy en día, ya merece un buen aplauso.


En “Hierro 3”, mediante depurada poesía visual, la película desarrolla un vivo romance expresado a través de gestos medidos y miradas hondas, elocuentes, pero en el variado repaso a viviendas y moradores lanza también un vistazo firme a la sociedad, imperfecta y vulgar (con la subrayada excepción del matrimonio sonriente que cultiva un beatífico jardín); sociedad de la que el joven sin nombre y sin voz intenta ausentarse ejercitando un modo de vivir que es un arte iniciático.

El arco (Hwal, 2005), nuevo ejemplo para demostrar que lo que importa en el cine es la imagén. También es una nueva muestra del talento visual y del uso de la metáfora de Kim Ki-Duk.

La historia de amor y necrofilia entre una momia celosa y una jovenzuela menor de edad es tan curiosa como profunda. También funcionan las metáforas visuales como en la secuencia donde se rompen los lazos que unen al viejo y a la niña utilizando una soga. Y sobre todo la poesía minimalista y funcional que acompaña toda la cinta.


"El arco" se queda lejos de alcanzar a sus dos mejores películas, "Hierro 3" y "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera". Se acerca más en espíritu a la también interesante "La isla". Pero demuestra que Kim Ki-Duk es un cineasta único (como Tsai Ming-liang) en conseguir la admiración o la irritación más enfermiza. (Maldito Bastardo).
Time (Shi gan, 2006), el planteamiento de “Time” es tan interesante como descabellado y surrealista, tan alejado y cercano al mismo tiempo a argumentos visuales/narrativos ya utilizados por Hitchcock o Buñuel. Pero la historia se decanta muchas veces por el culebrón o entra en los terrenos del vodevil en su inicio con esos celos, escenitas en público y proposiciones indecentes.

Pero también está la parte interesante desde que se inicia el viaje a un quirófano y la desaparición. Es ahí donde el filme de Kim Ki-duk coge fondo: el del de un drama romántico atípico y original.

"Aliento" (Soom, 2007), Kim Ki-Duk vuelve a crear una obra pausada y silenciosa, y vuelve a enfrascarse en una historia de amor fuera de lo común, un amor tan imposible y extravagante como el vivido en "Hierro 3". Y como en aquella maravillosa obra, el protagonista actúa sin dialogar, igual también que aquel chulo de "Bad Guy" con quien también comparte el temperamento.


Tal vez es cierto, Kim Ki-Duk ya ha contado algo parecido, pero lo que cuenta, y cómo lo cuenta sigue siendo sorprendente. Yeon, una mujer engañada por su marido, decide iniciar una relación sentimental con Jang-jin (Chen Chang), un hombre que está en el corredor de la muerte. Este hombre ya había perdido la esperanza por vivir, ya no tenía ganas de luchar y se había intentado suicidar. Yeon le cambia la perspectiva y le hace querer vivir de nuevo.

La relación de Yeon y Jang-jin, es lo destacable del film, al igual la reacción del marido. Un trío inverosímil pero certero. Una mirada distinta de los celos, y una historia que para nada deja indiferente. Ki-Duk Kim parece darse un pequeño homenaje con el paso de las estaciones en la cárcel "Primavera, verano, otoño,...". Esta es la Montaña de Seorak donde Kim vuelve a sorprender. (Sersolo)


Con "Dream" (Bi-mong, 2008) es bastante mal recibida por la crítica en general,la historia es bastante atractiva a priori: un hombre tiene un sueño en el que hay un accidente. Se despierta, sale a la calle, y eso mismo ha sucedido. ¿Quién conducía el coche?. Una mujer que aseguraba haber estado en la cama a la hora del suceso, si bien su vehículo tenía los golpes que habían pasado en la mente del hombre. ¿Qué habrá ocurrido?. Poco a poco se va desgranando la historia, sabiendo los primeros 15 minutos la solución al enigma y viendo poco a poco cómo se enfrentan a él. Ki Duk es un director que puede gustarte o no, pero siempre puede sacarse jugo de sus propuestas, bien haciendo un drama romántico o un film sobre la prostitución, es un realizador capaz de destapar buenas ideas independientemente de cómo sean llevadas a cabo.



Después de un tiempo de parón, Kim-Ki regresó a la actualidad en 2011 con "Amen" y marca un nuevo inicio para la carrera del director surcoreano, o más bien parece un intento por regresar a la captura de la no-ficción presente en su primera etapa (aquella que terminó con "La isla" y que dejó títulos como "Crocodile" o "Real Fiction"). Irregular pero interesante, con algún momento aislado fantástico pero en general bastante tibia, la película sigue el viaje que realiza una joven coreana en busca de un hombre. Como en "Real Fiction", el realizador introduce un personaje que actúa en paralelo a ella, persiguiéndola, haciendo que el juego del gato y el ratón funcione más bien como una metáfora (bastante sencillota) en la que vemos cómo eso que busca en realidad lo que hace es perseguirla y estar presente en todo momento, por mucho que para alcanzar su objetivo intente viajar de un lado a otro.Tambien en 2011, ganadora del premio 'Un certain regard' en Cannes este "Arirang" que funciona muy bien aunque por momentos se reitere el discurso y se convierta en un ejercicio onanista bastante evidente. Su dilatada duración la perjudica y le falta un poco de concreción, ir más al grano y no tanto por las ramas, como en su tercer acto, en el que se rompen las reglas interpuestas por el director para instaurar otras nuevas que son menos rígidas pero que también pierden en interés. "Arirang" merece la pena, hay buenas reflexiones, pero no es el mejor cine que este hombre ha hecho y, esperemos, no sea el mejor que le queda por hacer.



Con Piedad (Pietá) (2012), hasta ahora su última película, Festival de Venecia: León de Oro - Mejor película, Ki-duk nos obsequia con un drama urbano sobre las perversiones a las que nos lleva el cada vez más despiadado capitalismo y sus traumáticas consecuencias sobre las relaciones humanas, en un retrato sobre una sociedad cuyo único motor que lo mueve todo es el ansiado dinero. El coreano retrata sin concesión alguna las miserias humanas dentro de la crisis económica galopante que nos está tocando sufrir, en el marco de una historia de odio y de venganza llevados al límite, tan excesiva y desmedida, que sólo un autor con la capacidad narrativa y visual del director de Hierro 3 es capaz de intentarlo y salir vivo del envite.

Rompe años de silencio en Cannes - Kim Ki-Duk se confiesa

El surcoreano Kim Ki-Duk, uno de los cineastas más solicitados del circuito de festivales internacionales en la primera década de siglo, habla a corazón abierto, tras años de silencio en 'Arirang', la película que trajo a Cannes.

Tráiler con subtítulos en inglés de 'Arirang' Desde su debut 'Crocodrile' (1996), el cineasta saltó rápidamente al estrellato con su tercera película, 'La isla', distinguida en Venecia. Tras más de una quincena de cintas y cosechar todo tipo de premios, el cineasta desapareció tras estrenar en 2008 'Bi-mong' ('Dream'). La causa fue que una de sus actrices sufrió un accidente por el que casi pierde la vida.

Las circunstancias de los hechos no llegaron a esclarecerse del todo y circularon informaciones que señalaban un intento de suicidio por parte de la actriz. El hecho es que desde que se estrenó esa cinta, Kim Ki-duk desapareció de la vida pública y se recluyó en una precaria cabaña en una zona boscosa de su Corea natal, donde vive aislado, como un ermitaño sin agua corriente y con un limitado suministro eléctrico.



Todo ello lo muestra en 'Arirang', la película que ahora presenta en la sección Un Certain Regard. Empujado por la necesidad de rodar, el autor de las aclamadas 'Hierro 3' (2004) o 'Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera' (2003) se compra una pequeña cámara, la coloca en su cabaña delante de él a forma de espejo y comienza a hablar de todos los fantasmas que le han acompañado estos últimos años.

Kim Ki-Duk relata cómo ha vivido aislado, sin amigos y evadiéndose con la bebida. Además, cuenta la traición que sufrió por parte de algunos colaboradores, reflexiona sobre su papel como cineasta, sobre los límites de su oficio y la contradicción que suponen los premios.

La dureza y precariedad de su vida solitaria y la honestidad a la hora de exponerla difícilmente las ha mostrado antes en la gran pantalla cualquier otro director. "Muchos considerarán esta película un documental, pero para mí es un drama", afirma el realizador en el metraje.


"Hacerle justicia en una breve crítica es imposible. No sólo porque Kim proporciona una comprensión revolucionaria sobre su línea de trabajo, sino porque también aborda temas que muy a menudo son ignorados como irrelevantes o pedantes por parte de profesionales que deberían tener un conocimiento más profundo", dijo el crítico de 'Screen'.

'Arirang' es el título de una canción coreana que conmueve profundamente al director e incluso le hace llorar. También el espectador queda desarmado al ver como el cineasta abre su alma.


jueves, 30 de mayo de 2013

Gilda (Gilda) - (1946) - (Director: Charles Vidor)



Título original: Gilda

Año: 1946

Duración: 110 min.

País: Estados Unidos.

Director: Charles Vidor.

Guión: Marion Parsonnet, (Historia: E.A. Ellington).

Música: Hugo Friedhofer.

Fotografía: Rudolph Maté.

Reparto: Rita Hayworth, Glenn Ford, George MacReady, Joseph Calleia, Steven Geray, Rosa Rey, Joseph Sawyer, Gerald Mohr, Mark Roberts, Ludwig Donath, Donald Douglas, Lionel Royce, Saul Martell.

Sinopsis:

Jhonny Farrel (Glenn Ford) se encuentra en una situación poco afortunada de su vida pero su destino cambia cuando el siniestro dueño de un casino de Buenos Aires cambia su vida por completo. No solo le salva la vida sino que, le contrata en su negocio. El empleado acaba ganándose toda su confianza convirtiéndose en su mano derecha. Pero el destino de Jhonny Farrel da un vuelco al aparecer Gilda de nuevo en su vida. Esta vez hace su aparición como la prometida de su jefe. La situación desconcierta al bueno de Jhonny ya que, Gilda formaba parte de una relación amorosa que al parecer él mismo había terminado y ahora tan solo quedaba un sentimiento de odio.

COMENTARIOS:

Excelente melodrama pasional con tintes de cine negro, sobre la turbia relación de tres ambiguos y fascinantes personajes: Gilda, aventurera de oscuro pasado, casada con el propietario de un casino, que contrata al jugador de fortuna, Johnny Farrell, sin saber que ha sido amante de su mujer.


Entre los tres se establecerá una extraña relación a tres bandas en las que primará entre Gilda y Johnny, el odio como sentimiento opuesto, y por lo tanto próximo, al amor-pasión, expresado en una relación de raíces sadomasoquistas, y la ciega e inquebrantable lealtad de Johnny hacia su jefe, en la que muchos han querido ver una relación de base homosexual.

El film forma parte por derecho propio de la galería de películas míticas, debido principalmente al hipnótico magnetismo de Rita Hayworth en pantalla, a quien le bastó aparecer enfundada en un vestido de satén negro, entonando los acordes, con voz prestada, de "Put the Blame on Mame" y quitarse un guante, para marcar la educación sexual de toda una generación y elevarse a la categoría de diosa inmortal de la belleza y la sensualidad.


La química desbordante entre ella y Glenn Ford, que alcanza su punto álgido en el momento en que Johnny abofetea a Gilda con la rabia del despecho y del deseo contenido, es otra de las razones de mitificación del film, junto a la espléndida fotografía de Rudolph Maté, que supo hacer que la pantalla cobrara vida, cada vez que Gilda movía su radiante cabellera roja.

Curiosamente, y esto lo comparte con “Casablanca”, pese a ser Rita la mayor estrella de la Columbia, la película se comenzó sin tener un guión acabado ni tampoco tener la menor idea a dónde irían a parar todos estos personajes en los que nada es lo que parece… sino muchísimo peor. Según iban rodando, iban creando nuevas secuencias (algunos de los diálogos se añadieron en doblaje), incluso los famosos números musicales de “Put the Blame on Mame” y “Amado mío” se realizaron casi finalizando el rodaje. No importa que Rita no supiera cantar. Nadie se movía como ella, nadie podía interpretar un personaje como este. Cuando dice en un diálogo memorable que si “fuera un rancho, se llamaría Tierra de Nadie”, quedas sobrecogido. El lucimiento que realiza en cada secuencia es espectacular. No es sólo belleza (es cierto, nunca hubo otra como ella) es la fuerza y la vulnerabilidad a un tiempo. El maravilloso número en el que ella se venga de Johnny interpretando en el casino el tórrido “strip-tease” pasa con justicia a la historia del cine (remata con la famosa bofetada).


“Gilda” es una obra maestra, en la que todos los detalles que hacen una gran película están ahí con la máxima expresión. Una fotografía maravillosa de Rudolph Maté; una dirección artística que hacen un Buenos Aires improbable pero imborrable; las actuaciones prodigiosas con un Glenn Ford destilando una química insuperable con Rita y Steven Geray, como “Tío Pío”, un personaje único en toda la historia del cine negro.

En “Gilda” se ven las emociones y los odios del pasado que afloran inesperadamente y esa fuerte relación de amor y odio que persiste a lo largo de toda la película. Algo que en la vida real no era así, Rita Hayworth y Glenn Ford eran grandes amigos. En una ocasión durante el festival de cine de San Sebastian realizaron un pase de esta película, ya habían pasado varios años tras la muerte de Rita, Glenn Ford se emocionó tanto al ver a su fallecida amiga en la gran pantalla que  en mitad del pase del film se levantó y se ocultó tras las cortinas de la sala para poder llorar tranquilo.


Gilda marcaría toda la carrera de la infortunada Rita Hayworth, que resumiría perfectamente su fracaso personal al afirmar: "Mi desgracia es que los hombres se acuestan con Gilda y se levantan conmigo".

Hay que saborear “Gilda”, tiene el sabor del cine legendario.







Tráiler:



Calificación: 5 de 6.

martes, 28 de mayo de 2013

Quarter (El cuarteto) - (2012) - (Director: Dustin Hoffman)



El cuarteto


TÍTULO ORIGINAL:  Quartet

AÑO: 2012

DURACIÓN: 95 min.

PAÍS: Reino Unido.

DIRECTOR: Dustin Hoffman.

GUIÓN: Ronald Harwood.

MÚSICA: Dario Marianelli.

FOTOGRAFÍA: John de Borman.

REPARTO:

Maggie Smith, Tom Courtenay, Billy Connolly, Pauline Collins, Michael Gambon, Sheridan Smith, Luke Newberry, Jumayn Hunter

PREMIOS:

2012: Globos de Oro: Nominada a Mejor actriz de comedia/musical (Maggie Smith)

2012: Festival de San Sebastián: Sección oficial (fuera de concurso)


SINOPSIS:

Adaptación de una obra de teatro de Ronald Harwood, que se ha encargado también de escribir el guión, la historia de “El cuarteto” (Quartet) se sitúa en la Casa Beecham, una residencia que acoge a músicos ancianos. Allí siguen practicando su arte, la ópera o lo que se tercie, aunque la voz ya no sea la de antaño. Los residentes andan muy revolucionados por dos motivos: una gala para recaudar fondos para Beecham en el aniversario del nacimiento de Giusseppe Verdi, en la que actúan muchos de ellos, y la llegada de una nueva inquilina y diva de la ópera, Jena Horton, ex esposa de Reggy, que vive allí. La posibilidad de que con otros dos grandes profesionales ancianos, Wilfred y Cecily, formen un cuarteto para la gran gala se diría imposible, por la triste forma en que terminó el matrimonio de Jena y Reggy, y por los temores de ella a cantar en público a su edad.

COMENTARIOS:

El cuarteto (Quartet) es una película pequeña y amable, un canto a la vida en cualquiera de sus etapas, drama con muchos toques de humor, y que también supone un reconocimiento al mundo de la lírica, y en general, a todos los artistas. Me encantan estas películas inglesas consideradas menores, films que no contienen escenas espectaculares ni la trama presenta grandes conflictos. Películas aparentemente sencillas, sensibles, con grandes actores y una impecable ambientación, películas que por desgracia pasaran por nuestros cines con más pena que gloria.

Dustin Hoffman debuta como director en El cuarteto (Quartet), donde ha decidido no aparecer como actor. El tema que trata el film se diría que es toda una declaración de principios sobre el genio del artista que nunca muere, aunque envejezca, algo que en definitiva puede trasladarse a cualquier ser humano, independientemente de su dedicación profesional. No olvidemos que Dustin Hoffman ha hecho el film poco antes de cumplir los 75 años. Y el cineasta parece querer decirnos que hay que saber hacerse mayor, y aceptar las limitaciones propias de la edad, pero sin convertirse por propia voluntad en “muertos en vida”.

Con un guión de Ronald Harwood (El pianista), adaptado de su pieza teatral “Quartet”, por tanto se trata de una obra con un marcado carácter teatral.
Es el relato de la vida en el interior de la mansión para músicos retirados, repleta de divos, con sus disputas, añoranza del pasado, su espíritu competitivo en forma y su momento de gloria que ya pasó. Entre risas y lágrimas los personajes de “El cuarteto” encaran la última fase de su vida, intentando adaptarse a la nueva situación, lejos de los fastos de la gloria ya pasada.


El mensaje de la cinta está entre la melancolía por el tiempo pasado, por las decisiones que marcan una vida, y las ganas de vivir, de seguir creando, de unas personas que han sido brillantes artistas. A pesar de las limitaciones de la historia, se disfruta de las excelentes interpretaciones y deja un gusto agradable tras su visionado. No recomendable para los que busquen una película de acción y aventuras, pero sí para los que deseen degustar una pequeña obra con sello de calidad casi teatral.

La buena factura del producto, con situaciones bien construidas y diálogos escritos con oficio y elegancia, con una puesta en escena clásica, contenida y funcional.






Mención aparte merecen sus cuatro principales protagonistas, encabezados por la maravillosa Maggie Smith y el siempre genial e impresionante Tom Courtenay, que tras no concederle el Oscar por “Doctor Zhivago” ni por “La sombra del actor”, era merecedor de una nueva oportunidad por esta extraordinaria interpretación. Fantásticos también Billy Connolly y Pauline Collins, dos actores de contrastada solvencia.

En definitiva, "El cuarteto" encuentra en su sencillez su mayor arma y en sus sólidas interpretaciones el más sentido homenaje a la cultura inglesa. Gracias , Dustin, por ofrecernos esta pequeña joya. Divertida, humana, profunda. Un tema, la vejez, tratado con humor y alegría, contado por personas alegres de vivir acompañado de una banda sonora casi insuperable. Es sentimentalisa, agradable pero dura.

Muy recomendable.




Importante, no perderse los preciosos créditos finales.







Tráiler:



Premiere de Quarter:




Calificación: 4 de 6.

lunes, 27 de mayo de 2013

Festival de Cannes 2013: Palmarés (Cannes Film Festival 2013: Awards)



Largometrajes :

Palme d'Or :
LA VIE D'ADÈLE - CHAPITRE 1 & 2 - Dirigida por Abdellatif KECHICHE

Grand Prix :
INSIDE LLEWYN DAVIS Dirigida por Ethan COEN, Joel COEN

Premio a la mejor dirección:
Amat ESCALANTE Para HELI

Premio al mejor guión:
JIA Zhangke Para TIAN ZHU DING

Premio a la interpretación femenina:
Bérénice BEJO en LE PASSÉ Dirigida por Asghar FARHADI

Premio a la interpretación masculina:
Bruce DERN en NEBRASKA Dirigida por Alexander PAYNE

Premio del Jurado:
SOSHITE CHICHI NI NARU Dirigida por KORE-EDA Hirokazu

Premio Vulcain al Artista-Técnico, otorgado por el CST:
GRIGRIS Dirigida por Mahamat-Saleh HAROUN

Cortometrajes:

Palme d’or al Cortometraje
SAFE Dirigida por Byoung-Gon MOON

Mención especial - cortometraje Ex-aequo:
HVALFJORDUR Dirigida por Gudmundur Arnar GUDMUNDSSON
37°4 S Dirigida por Adriano VALERIO


"NEBRASKA Dirigida por Alexander PAYNE"


domingo, 26 de mayo de 2013

Witness for the Prosecution (Testigo de cargo) - (1957) - (Director: Billy Wilder)



Título original: Witness for the Prosecution

Año: 1957

Duración: 114 min.

País: Estados Unidos

Director: Billy Wilder.

Guión: Billy Wilder, Harry Kurnitz (Teatro: Agatha Christie)

Música: Matty Malneck.

Fotografía: Russell Harlan.

Reparto:

Tyrone Power, Marlene Dietrich, Charles Laughton, Elsa Lanchester, John Williams, Una O'Connor, Henry Daniel, Norma Varden, Torin Thatcher, Philip Sonidoge, Ian Wolfe, Francis Compton.


Sinopsis:

Basada en una obra de Agatha Christie, narra el juicio a un hombre acusado de asesinato. El veredicto de su inocencia o culpabilidad depende de un curioso testigo de cargo; el de su mujer. Peligroso sería relatar más detalladamente el argumento de esta película, en la que el rodaje se mantuvo en secreto.

Estamos ante una magistral adaptación cinematográfica dirigida por Billy Wilder, que sabe mantener el suspense y la intriga durante todo el metraje. Este apasionante drama judicial cuenta con estupendas interpretaciones. Tyrone Power encarna al hombre acusado de asesinato, Marlene Dietrich es la "testigo de cargo" (impresa queda en nuestra retina la escena en la que aparece en un cabaret nazi donde interpreta la canción "I never go there any more") y Charles Laughton da vida a un cínico abogado en una memorable interpretación. La película fue nominada para cinco Oscars, entre ellos el de mejor película.


 COMENTARIOS:

Hace algunos días, volvía a ver, en un pase televisivo de una cadena temática, Testigo de cargo, la legendaria obra maestra (una más, entre tantísimas) del mago Billy Wilder. Soy incapaz de precisar, sin recurrir a mi “ángel de la guarda” –convenientemente disfrazado de base de datos-, cuántas veces habré visto ya esta película, pero les puedo asegurar que, con independencia de que tales visionados alcanzan ya un número bastante respetable, no me causa el más mínimo cansancio tal ejercicio recurrente. Más bien al contrario.


Y es que son tantos y tantos los elementos maravillosos que se acumulan en sus poco menos de dos horas de metraje, que se hace difícil meterse en proclamas admirativas respecto a alguno de ellos, dado el riesgo evidente de dar la impresión de que se está minusvalorando al resto, cuando su nivel también es excepcional. No obstante lo cual, no eludiré el trapo, y me mojaré: si me he de quedar con algo, me quedo con el trabajo interpretativo de ese monstruo que responde al nombre de Charles Laughton.

Ese abogado brillante, histriónico, entregado, compulsivo y cascarrabias que responde al nombre de Sir Wilfrid, es uno de los personajes más extraordinarios y deslumbrantes que ha dado el cine a lo largo de toda su historia, y está claro que, más allá de cuanto haya podido aportar a ello su construcción dramática vía guión –evidentemente, fabulosa-, alcanza tal rango legendario gracias a su encarnación por un Charles Laughton tocado por la varita de las “hadas”: el responsable, sabiamente dirigido también por Billy Wilder, de dar a su personaje una dimensión tan completa desde la sencillez (nada más alejado de la sofisticación que la socarronería y acritud en las formas que gasta el letrado .....) como para que cualquier espectador termine, embobado, entregándose en éxtasis al disfrute de tan brillante interpretación.


Un personaje con el que ríes, porque sus salidas cómicas y sus golpes de efecto cuando se enfada son espectaculares. Un personaje con el que sufres, porque vas viendo cómo su entrega sin tasa ni límite llega a poner en peligro su propia vida. Un personaje por el que llegas a sentir respeto y admiración, porque, en el fondo, late en él un sentido de la ética y del deber profesional más allá de cualquier debilidad (si, además, perteneces al gremio jurídico, esa secuencia en la que proclama exaltado su determinación de defender a su cliente hasta la última gota de su aliento es muy fácil que te haga saltar las lágrimas de la emoción...). Un personaje, en suma, que te lo da todo, y todo ello servido por la inconmensurable y riquísima gama de matices de que le dota el señor Laughton. Casi nada.


Si ustedes, amigos lectores, han visto la película, dudo enormemente –desde el respeto, obviamente, a esa posible discrepancia- que puedan diferir en exceso de las apreciaciones anteriores. Y si no la han visto, ¿qué hacen perdiendo el tiempo leyendo estas tonterías....? Corran, corran: el disfrute lo tienen garantizado...


Muy graciosa la advertencia del final, rogando a los espectadores no desvelar el final de la trama a los que no la han visto todavía. Esto deberían de advertírselo también a los que escribieron el libro “1001 películas que te vamos a destripar antes de morir”.



Tráiler:



Calificación: 5 de 6.

sábado, 25 de mayo de 2013

Imágenes y frases de cine: “Duelo al sol”


Un fotograma, una frase, una imagen, un instante….para el recuerdo:
 
"No me gusta que me supliquen. Detrás de una súplica hay siempre una mentira". (Jennifer Jones)
(Duelo al Sol)

viernes, 24 de mayo de 2013

66ª edición festival de Cannes: El payaso loco sigue riendo




66ª edición festival de Cannes
El payaso loco sigue riendo

A sus 87 años, Jerry Lewis recibe los honores de un país que lo idolatra. Presenta ‘Max Rose’, en la que interpreta a un pianista de jazz viudo

¿No estaba en silla de ruedas? ¿No estaba entre la vida y la muerte? ¿No llevaba sin actuar desde Funny bones, en 1995, y un capítulo de la serie Ley y orden? Ayer Jerry Lewis, de 87 años, apareció en carne viva en el Festival de Cannes, y el certamen se postró a sus pies. Porque si hay algo que les gusta a los franceses por encima de las baguettes y el vino de Burdeos son las películas del cómico estadounidense, que ayer, con jersey rojo y camisa amarilla, convirtió su rueda de prensa —no da entrevistas y ni siquiera se mostró a los medios Max Rose, su nueva película, en proyección previa a su comparecencia— en su propio patio de recreo.

A un periodista brasileño le pidió que no gritara para a continuación espetarle que hablara más alto; cuando le preguntaron por su relación con Dean Martin, soltó: “Está muerto, ¿lo sabe usted?”. Y siguió: “Cuando llegué aquí y vi que no estaba, supe que algo iba mal”. Inquirido sobre mujeres comediantes, defendió que la mujer no está para provocar la risa en un escenario, y remató: “Mis cómicas favoritas son Cary Grant… y Burt Reynolds”.

En Max Rose encarna a un pianista de jazz que cuando enviuda descubre que su matrimonio de 65 años fue una farsa. “Es el mejor guion que he leído en 40 años”, adujo en serio Lewis, que solo parece estar aquejado de sordera. “Bueno, y que el director trajo tres millones de dólares”. Volviendo a la seriedad explicó: “Era un personaje muy distinto al payaso loco que he encarnado en 60 años, y es una película increíble que dará a sus espectadores un montón de placer… y nos reunirá a todos en el banco”. Al comparar experiencias interpretativas anteriores, como El rey de la comedia, sí propuso una reflexión sobre su cambio actual: “Allí hice de Jerry Lewis, aquí soy ese músico. Actúo”.

Que Lewis respondiera a alguna pregunta con algo de criterio fue casi tarea imposible. Soltó discursos largos rematados con “¿qué habré querido decir?”. ¿Su pasado como director de sus propios filmes interfiere cuando solo actúa? “Hala, te doy la razón”, y se tapó la cara. Se puso los cascos de la traducción en la nariz, soltó estentóreas carcajadas, y solo se calmó en algún momento. ¿Es distinto el humor en según qué países y culturas? “No hay diferencia en el humor en todo el mundo. El humor es humor, la risa es la risa. Si haces que el humor sea divertido, la gente se reirá. Creo que tiene que ver mucho con la ciencia”.

Lewis sigue rodando documentales en sus rodajes, y fotografiando a quien se cruza —en Cannes porta una inmensa cámara digital—, porque cree en su legado: “El futuro no es perfecto, pero sí emocionante. Aún grabo, me encanta la tecnología, y espero que ese material sirva a mis nietos”. Como muestra de su cuidado profesional, Lewis, que rodó decenas de películas, centenares de programas de televisión, explicó por qué en 1972 no estrenó The day the clown cried, que filmó en Suecia. “No me gusta hablar de ella, y espero que se quede allí, en el baúl: era mala. La escribí, la dirigí y era mala, porque perdí la magia. Y espero que nadie la recupere. El artista debe tener la posibilidad de tomar esas decisiones. He trabajado mucho, estoy orgulloso. Cuando miro atrás toda mi carrera, me siento cansado [CARCAJADAS] y no me levanto del sofá”. Antes de firmar autógrafos, recordó que la primera película que le hizo reír fue Tiempos modernos y la primera que le hizo llorar Margarita Gautier, con Robert Taylor y Greta Garbo, “la vi con nueve años. Nunca la he olvidado. Cuando logras que el espectador llore es que has obtenido algo muy profundo”. Despedido con gritos de “no tardes 20 años en volver”, Lewis sonrió: sabe que ha triunfado en la función final.

jueves, 23 de mayo de 2013

Katharine Hepburn - Biografía (Katharine Hepburn - Biography)

Katharine Hepburn

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(Katharine Houghton Hepburn; Hartford, Connecticut, 12 de mayo de 1907 - Old Saybrook, Connecticut, 29 de junio de 2003)


Niñez y juventud.

Una de las mejores actrices de todos los tiempos, Katharine Houghton Hepburn, vino al mundo el día 12 de mayo de 1907 en Hartford, la capital de Connecticut. Nació en el seno de una familia acomodada y con solvencia económica, ya que su padre, Thomas Normal Hepburn era un prestigioso urólogo y cirujano, mientras que su madre, Katharine Marta Houghton era sufragista y colaboradora de Emmeline Pankhurst. La pequeña Katharine era la segunda de seis hermanos, estando especialmente unida a su hermano Tom, cuya muerte le causó una profunda depresión.  




La madre de Katharine organizaba reuniones feministas en el transcurso de las cuales se llevaban a cabo representaciones. De este modo fue como debutó en los escenarios Katharine, a la edad de tres años. La joven Katharine iba creciendo en este ambiente regalado y sano, pues la profesión de su padre hacía que sus costumbres fuesen saludables. De este modo, fue como surgió su gran afición hacia el deporte, pues su padre tenía un gran interés por el mismo. Por tanto, su vida se desarrollaba en un ambiente burgués ilustrado, entre gente que cultivaba la inteligencia poniendo el mismo empeño en practicar el tenis y el golf. A los ocho años participaba con su madre en campañas, repartiendo globos en los que se pedía el voto para la mujer. Por entonces ya era una nena pertinaz e incombustible, carácter que le acompañaría durante toda su vida. Imagínensela tras un viandante hasta que este aceptase su globo con insistencia y sin desfallecer. Kate era una niña apasionada y vitalista, que trepaba a los árboles junto a los muchachos y que estaba empeñada en ser un chico y llamarse Jimmy.


El más duro golpe de su corta vida lo recibió a los catorce años, cuando, en un viaje a Nueva York, encontró a su hermano Tom ahorcado con una sábana, imitando el anterior suicidio en la familia que había sido protagonizado por su abuelo materno. Había atado la sábana a una viga de la casa de una amiga de su madre, donde Tom y Kate pasaban unos días de vacaciones. La misma Katharine tuvo que buscar a un médico y notificar la muerte a la familia. La fortaleza de Kate le permitió superarlo, como otros golpes que le dio la vida y recuerda, en su biografía, que de camino al crematorio fue la primera vez en su vida que vio llorar a su madre: Nunca la había visto llorar y nuca más volví a verla.

Katharine se decantó por estudiar Ciencias Físicas en el Bryn Mawr Collage de Filadelfia, lugar que también tuvo gran trascendencia en su camino hacia la profesión de actriz, puesto que fue allí donde comenzó a interpretar pequeños papeles en las representaciones universitarias. De todas formas su adiós a la Física se produjo muy temprano, al debutar en un pequeño papel en La zarina, con una compañía teatral de Baltimore. Desde sus intervenciones en las funciones del colegio, Katharine soñaba con debutar en los escenarios de Nueva York. Esa idea, casi obsesión le hizo trasladarse a casa de su amigo el poeta Phelps Putnam, a la postre uno de sus primeros y complicados amores.


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Los comienzos de un mito.


Comenzó a estudiar dicción con una vieja leyenda del teatro, Frances Robinson – Dune y encontró colocación en La muerte en vacaciones, estrenada en el Teatro Nacional de Washington. La crítica la describió como una chica nueva, de voz metálica que parece una calavera. Pronto fue despedida pero su tesón le facilitó varios papeles menores en Nueva York. En esta época, 1928, se casa con Ludlow Orden Smith, un chico de buena familia perteneciente a la alta sociedad de Filadelfia del que no tardó en separarse y con el que mantuvo una gran amistad hasta el extremo de que algunos de sus amantes se lo encontraron incorporado a la familia en la casa de verano de Fenwick cuando iban a visitar a Katharine.

En 1931 la RKO estaba interesada en Kate y quería hacerle una prueba. El agente que se interesó por ella era Leland Hayward, ya que David O. Selznick y George Cukor buscaban una cara nueva.

Katharine sólo ganaba cien dólares por una semana de trabajo en el teatro, pero realmente no se sentía muy atraída por el cine, lo que le llevó a tentar a la suerte pidiendo un sueldo de 1500 dólares semanales, dando por supuesto que el estudio no aceptaría. Katharine llegó a California acompañada por su amiga Laura Harding, en tren, con un sombrero horrible y los ojos irritados por las virutas de acero que se le habían incrustado a través de la ventanilla. Para sorpresa de todos, se presentó a la prueba definitiva con un parche en el ojo.

Con todo ello, tras hacer la prueba se llevó la enorme sorpresa de que la RKO aceptaba su precio sin reservas. Como resultado de ello, se produjo su debut en pantalla grande junto a John Barrymore en 1932 con Doble Sacrificio, dirigida por Cukor, uno de los directores de mayor influencia para ella. El papel le permitió comenzar a demostrar el enorme caudal interpretativo que llevaba dentro, rodando con posterioridad una serie de títulos que la lanzarían al estrellato: Gloria de un Día (1933) de Lowell Sherman, Mujercitas (1933) de George Cukor, Sangre Gitana (1934) de Richard Wallace y Sueños de Juventud en 1935.

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La gran dama de Hollywood.

Por muy increíble que parezca, la Hepburn ganó su primera estatuilla con tan sólo tres películas rodadas, por Gloria de un día. Katharine tenía 26 años, pero los tres siguientes Oscars no le llegarían hasta traspasada la cincuentena.

Los primeros enfrentamientos con el estudio se debían al poco gusto de la Hepburn por la mundana vida hollywoodiense: se negaba a asistir a fiestas y a participar en campañas publicitarias, puesto que su vida privada y fuera del celuloide era suya y no quería compartirla con su público. Durante este tiempo, regresó de nuevo al teatro, compaginando su trabajo en Broadway con el rodaje de diversas películas. A pesar de su mala popularidad en esa época, sus películas tenían enorme éxito.

En el rodaje de La gran aventura de Silvia (1935) de George Cukor, conoció al actor con el que compartiría una serie de memorables interpretaciones: Cary Grant. Con Cary volvería a formas pareja en la obra maestra La Fiera de mi Niña de Howard Hawks en 1938, y también en Vivir para Gozar (1938) e Historias de Filadelfia (1940), obra que ya había interpretado años antes en Broadway con enorme éxito y por la que James Stewart, su otro compañero de reparto, ganaría el Oscar. Películas como La fiera de mi niña e Historias de Filadelfia, la convirtieron en el modelo de mujer contemporánea.




Con ella comenzó el gusto por la delgadez en el cine y su mirada vitriólica y desafiante acabó con las languideces femeninas de años anteriores. Su imagen en la pantalla y en la privacidad constituían un nuevo canon de mujer completamente distinto al imperante hasta la época, lo que llevo a George Cukor a decir de ella: No se parecía a los años treinta, sino a sí misma. Luego las chicas empezaron a imitarla y la década se pareció a ella”.

Se enamoró de su agente cinematográfico, Leland Howard y, con posterioridad, compartió su vida con el multimillonario Howard Hughes. Pero sus dos grandes amores fueron hombres feos, católicos hasta el extremo, bebedores, de origen irlandés, casados y torturados por una vida familiar insoportable. Su relación con John Ford, el director bajo cuyas órdenes se puso en María Estuardo, fue tan secreta y devastadora que Katharine no la menciona siquiera en sus memorias. Aún así, sabemos que tras la muerte de Spencer Tracy, John Ford seguía soñando con la posibilidad de volver a su lado.

El problema para esa relación era doble: por un lado la esposa de Ford que amenazaba con acabar con él y quitarle a sus hijos, y de otra parte, la religiosidad extrema del director, lo que le impedía divorciarse. La falta de decisión de Ford propició que Howard Hughes terminará encandilando a la estrella con sus dotes para el golf, afición compartida por ambos. Durante el rodaje de La Mujer del Año (1942) conoce al que sería el gran hombre de su vida: Spencer Tracy.




La presentación de ambos la llevó a cabo Joseph Leo Mankiewicz, y durante el encuentro Katharine dijo: Me parece, señor Tracy, que es usted demasiado bajito para mi. A lo que Joe Mankiewizc respondió: No te preocupes, Kate, Spencer te humillará hasta rebajarte a su altura. Fue toda una premonición, pues durante el rodaje Kate hubo de aguantar numerosos incidentes desagradables al actor. Pese a ello, con él emprendería una fructífera relación fuera y dentro de las pantallas, donde protagonizarían una gran cantidad de películas. Se producía un fenómeno de equilibrio entre ambos, por un lado el nerviosismo y los excesos de Katharine frente a la solidez y serenidad de Spencer, lo que fue sin duda una de las claves de su éxito tanto personal como profesional.

Katharine ya estaba divorciada de su marido, pero las creencias religiosas de Spencer le impidieron hacer lo miso con su esposa. A pesar de ello, su relación se mantuvo hasta la muerte de Spencer y juntos rodaron nueve inolvidables películas: La mujer del año(1942), La Llama Sagrada (1942), Sin Amor (1945), Mar de Hierba (1947), El Estado de la Unión (1948), La Costilla de Adán (1949), Impetuosa (1952), Su otra esposa (1957) y Adivina quien viene esta noche (1967) que fue su última película juntos. La muerte de Spencer se produjo poco después de terminar el rodaje por lo que Katharine siempre se negó a ver esa película.

En el año 1951, coincidió bajo las órdenes de John Huston con otra de las grandes estrellas del cine, Humphrey Bogart. De allí surgió otra obra mítica, La Reina de África, por la que volvería a ser nominada al Oscar, pero fue esta vez Humphrey quien consiguió por fin el reconocimiento a toda su carrera con el Oscar a la mejor interpretación masculina. Hepburn era ya una actriz madura que redujo drásticamente sus intervenciones en el cine, aunque las que hacía no pasaban desapercibidas y mereció numerosas nominaciones de la Academia. Una de las causas de esta reducción de trabajo fue la grave enfermedad que atravesaba Spencer Tracy durante estos primeros años sesenta y que representó una época muy dura para ella.

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Los últimos trabajos.

Aún así rodó películas como Larga jornada hacia la noche (1962), Adivina quien viene esta noche (1967), por la que ganó otro Oscar, y El león de invierno (1968) junto a Meter O´toole, por la que consiguió otro Oscar. En los años siguientes, su trabajo se centró en la televisión y esporádicamente en el cine.

Intervino en 1975 en El rifle y la biblia con John Wayne, y puso el gran broche a su carrera con En el estanque dorado de Mark Rydell, por la que obtuvo su cuarto Oscar a la mejor actriz, esta vez acompañada por su compañero de reparto, Henry Fonda, que obtuvo el de mejor actor. Posteriormente realizó algunos trabajos en producciones sin interés.

Tras una carrera maratoniana, minada por un cáncer de piel y por el terrible Parkinson, Katharine Hepburn reside junto al mar a sus largos noventa años, conservando aún el recuerdo de aquello que la condujo al estrellato: la combinación de belleza distinguida y espíritu independiente. Hoy en día es el último eslabón que nos une al Hollywood dorado, pues la muerte de Wilder la ha dejado sola y mirando al horizonte, seguramente negándose a asumir su importancia en la historia del cine y a ser el último mito vivo, aunque se nos muera.