jueves, 29 de agosto de 2013

Río Conchos (Río Conchos) - (1964) - (Director: Gordon Douglas) - Cine olvidado



Título original: Río Conchos

Año: 1964

Duración: 107 min.

País: Estados Unidos.

Director: Gordon Douglas.

Guión: Joseph Landon, Clair Huffaker.

Música: Jerry Goldsmith.

Fotografía: Joseph MacDonald.

Reparto: Richard Boone,  Stuart Whitman,  Anthony Franciosa,  Jim Brown,  Edmond O'Brien,  Wende Wagner.

Género: Western.

Sinopsis:

Western que sigue el esquema de "cumplir una misión". Un capitán del ejército debe recuperar un cargamento de rifles robado, de modo que forma un singular grupo de búsqueda, integrado, además de por él mismo, por un ex soldado del Sur que desea vengarse de los apaches que mataron a su familia, un sargento negro y un ladrón de poca monta mexicano. Sus indagaciones les llevan a un recóndito lugar donde un antiguo oficial sureño ha montado una especie de increíble campamento desde el cual espera ganar esa guerra de secesión, cuyas heridas continúan abiertas, y que su bando perdió. La historia de una venganza y de la construcción de un sueño también.


COMENTARIOS:

Western del director Gordon Douglas, un pequeño artesano que poco a poco va ganando adeptos con el paso de los años.

Western crepuscular, uno de los mejores de los años sesenta, relativamente desconocido y que abre la puerta para una evolución del género que nos hace disfrutar tanto como lo hicieron los Ford, los Mann, los Daves o los Sturges. Y además en Cinemascope. Suficientes alicientes para no perdérsela.

Antes de que apareciera Peckinpah y revitalizara de nuevo el western hasta cotas insospechadas un grupo de directores se encargaron de ayudar al género a dar un paso adelante y dejar atrás las viejas normas del western clásico. Gordon Douglas fue uno de ellos filmando una serie de cintas durante la década de los sesenta donde ya se apreciaba ese cambio de registro que luego quedara plasmado magistralmente en “Grupo Salvaje”. La heroicidad dejaba paso a la ambigüedad, al continuo conflicto entre lo correcto y lo egoísta, entre lo decente y lo instintivo. Los personajes se mueven ahora en un mundo que se les ha adelantado, que los ha dejado atrás. Ellos lo saben. Se ven acabados, vencidos y sin ninguna opción de recuperar lo que en su día tuvieron.


Bueno pues bajo estas nuevas circunstancias Gordon rueda una historia llena de realismo y de crudeza en todas sus imágenes. Ya terminada la Guerra de Independencia, cuatro hombres se unen en busca de un cargamento de armas que el renegado Coronel sureño Pardee (O´Brien) ha interceptado. Así, el viejo oficial confederado Lassiter (Richard Boone), el criminal mexicano Juan Luis Martinez (Tony Franciosa) y el capitán Haven (Stuart Whitman) y el sargento Franklin (Jim Brown) del ejército de los Estados Unidos, a quien han sido robadas las armas, partirán en su busca. El viaje, siguiendo el curso del Río Grande, les llevará a encontrarse con todo tipo de adversidades que se personalizarán principalmente en la presencia de los Apaches, liderados por Camisa Sangrienta, y de bandidos mexicanos que rondan amenazantes la frontera. De los cuatro que forman la expedición destacar sobre todo a un excepcional Richard Boone dando vida al antihéroe por excelencia y protagonista absoluto del western crepuscular. Su evolución a lo largo del film, sus fobias interiores y las traumáticas experiencias por las que ha pasado le convertirán en un hombre amargado y en constante lucha interior.

Por otra parte, si bien Douglas evoluciona la psicología del protagonista westeriano respeta la forma de filmar que había heredado de sus contemporáneos y que transformaban al género en un estupendo refugio para los amantes de las imágenes. La fotografía poderosa de Joseph MacDonald se llena de polvo, de tierras áridas, de aguas empantanadas y de ríos que atraviesan vigorosas cordilleras para acompañar perfectamente a unos personajes brutos, sucios…y en ocasiones malos. Destacar también la música del por entonces joven Goldsmith y que ambienta muy bien el desarrollo de la historia.

Los cuatros hombres se dirigen hacia territorio mexicano con la misión de recuperar un cargamento de rifles automáticos robados al ejército. Para ello, llevan un carro cargado de dinamita. La idea es hacerse pasar por contrabandistas e intentar cambiar la dinamita por algunos rifles o vendérselos a los mismos que compren los rifles. La verdadera razón de llevar el carro es para que en caso de que no puedan recuperar los rifles, destruirlos.


Lassiter es un antiguo oficial confederado. Al acabar la guerra, vuelve a su rancho solo para descubrir que su familia ha sido asesinada por los indios. Completamente enloquecido por el alcohol y el dolor, Lassiter comienza a matar a cualquier piel roja que se encuentra. Precisamente, la escena que abre la película es Lassiter masacrando a un grupo de indios.

El Capitán Haven, sin embargo, es el típico oficial del ejército del Norte, que solo sigue las ordenanzas militares. Eso si, también esconde algo que hace que ponga todo su empeño en la imposible misión.

El mexicano es posiblemente el personaje más oscuro del cuarteto. Irónico y hablador, uno no sabe cuándo miente o dice la verdad.

El sargento es el más silencioso del grupo, pero a lo largo del metraje comprobamos que es el más digno de todos al final.

Además de los personajes, la violencia de la cinta es algo que le acerca bastante al nuevo western que después de Leone se impondría en todos los westerns. Y hasta una leve inclinación por la suciedad en la vestimenta de los personajes. También se podría considerar cercano el guión, sobre todo en algunas situaciones bastantes extremas en las que se ve envueltos los personajes.


Pese a todas esas similitudes, no hay que olvidar que es un western norteamericano, así que obviamente no deberíamos esperar ni los movimientos de cámara de Leone, ni la música de Morricone (por una simple cuestión de tiempo, por otro lado).

Titulo totalmente recomendable, una película de culto.

Película:


Calificación: 4 de 6.

lunes, 26 de agosto de 2013

Ordet (Ordet - La palabra) - (1955) - (Director: Carl Theodor Dreyer)




Ordet (La palabra)

Título original: Ordet

Año: 1955

Duración: 125 min.

País: Dinamarca.

 Director: Carl Theodor Dreyer.

Guión: Carl Theodor Dreyer (Obra: Kaj Munk).

Música: Paul Schierbeck.

Fotografía: Henning Bendsten.

Reparto:

Henrik Malberg,  Emil Hass Christensen,  Preben Lerdorff Rye,  Cay Kristiansen,  Brigitte Federspiel,  Ann Elizabeth,  Ejner Federspiel,  Sylvia Eckhausen.

Género: Drama.

Sinopsis: Hacia 1930, en un pequeño pueblo de Jutlandia occidental, el viejo Morten Borgen dirige la granja de Borgensgaard. Tiene tres hijos: Mikkel, Johannes y Anders. El primero está casado con Inger y tiene dos hijas pequeñas, aunque en estos momentos Inger está embarazada y esperan el tercero. Johannnes es un antiguo estudiante de Teología que, por haberse imbuido de las ideas de Kierkegaard e identificarse con la figura de Jesucristo, es considerado por todos como un loco. El tercero, Anders, está enamorado de la hija del sastre, líder intransigente de un sector religioso rival. Tal circunstancia revitaliza la discordia que siempre ha existido entre las dos familias, ya que ninguna ve con muy buenos ojos que sus hijos contraigan matrimonio.


COMENTARIOS:

Carl Theodor Dreyer, nacido en 1889 y fallecido en 1968, fue un maestro de escenificaciones vacías y frías de las cuales inspiraba un desafío a los actores que intervenían en sus películas valiéndose por la fuerza de los diálogos por encima de cualquier nivel de intensidad dramática, si tenemos en cuenta la capacidad manierista del director de “La Pasión de Juana de Arco”(1928) y“Gertrud” (1964). Al igual que, también, de hacerse un gran hueco en la práctica de darle más valor a la fotografía en blanco y negro, (escenarios espaciosos en que los actores adquieren un plano de importancia visualmente secundario pero portentosamente sugerente; como así demuestran, por ejemplo, los silenciosos actos de presencia de Johannes en “”Ordet” vagando por la casa), hecho que le permitió que dicha obra pueda sugerir más que mostrar, empleando así el esfuerzo de los actores que intervienen en ella. Por lo cual “La Palabra” se puede considerar aún su mejor trabajo aún tratándose sobre un análisis humana y expuesta sobre la fe en los hombres de la tierra, según una adaptación teatral del dramaturgo y compatriota Karl Munj.

Dreyer nos situa en un poblado de la campiña danesa entre 1924 y 1925 (período del estado de gestación de Inger hasta su muerte) en la Granja Borgensen compuesta por el patriarca Morgen (Henrik Malberg), el hijo mayor Mikkel (Emil Hass Christensen) casado con Inger (Birgitte Federspiel), el mediano e iluminado estudiante de teología Johanssen (Pieber Lerdoff) y el adolescente Anders (Cay Kristiansen) que quiere comprometerse con Anne (Gerda Nielsen) hija del sastre Peter (Ejner Federspiel), que mantiene discrepancias religiosas con Morgen y que llegan afectar incluso en sus círculos sociales.


Esta gran obra maestra ha sido fruto de varias especulaciones y conclusiones, a parte de los estudiosos de la filmografía de Carl Theodor Dreyer. Mientras que los más afanosos a la religión la han considerado como una relíquia e instrumento teológico para entender el verdadero significado de la fe, los más agnósticos se han decidido por un tratamiento fantástico y sobrenatural. Pero no hay nada que pueda decantarse a un extremo o en el otro. Porque es verdad que la película está ambientada en una época difícil para Europa (primera mitad del siglo XX) y es en los momentos de más debilidad que muchos entendieron la lectura del film en el tratamiento místico que brilla cuando vieron "Ordet" por primera vez en el año 1955. Pero no hay que olvidar que ésta gran teatralización de Munj llevada al cine por el máximo exponente de la cinematografía danesa de su tiempo, resuena como un sufrido eco humano ante el temor siempre inquebrantable de la presencia de la Muerte con la oración como bálsamo y la desesperación, siempre humana, en no afrontar lo imposible. “La palabra” se hace milagro según la voluntad de los hombres, ofreciendo la libre opción de si algún elemento externo de carácter divino o no, ha intervenido o no en el drama.


La mirada de la cámara pone en movimiento a los personajes, como si de un ojo divino se tratase. La fotografía más lograda siempre está al servicio de los momentos en los que se siente la presencia divina: al igual que en La pasión de Juana de Arco (1928), los primeros planos iluminados con un rayo de luz celestial aportan dramatismo, religiosidad y belleza. Estos planos tan cargados de emoción son más que memorables por contrastar con la sobriedad general que marca gran parte de las escenas.


Una obra maestra de las que ya no se hacen y creo que por desgracia no se harán jamás en la historia del cine.

Disfrútenla, no tiene desperdicio.
Tráiler:
Calificación: 6 de 6.

sábado, 24 de agosto de 2013

Det sjunde inseglet (El séptimo sello) - (1957) - (Director: Ingmar Bergman)



El séptimo sello

Título original: Det sjunde inseglet

Año: 1957

Duración: 96 min.

País: Suecia.

Director: Ingmar Bergman.

Guión: Ingmar Bergman.

Música: Erik Nordgren.

Fotografía: Gunnar Fischer.

Reparto:

Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson, Bengt Ekerot, Gunnel Lindblom, Maud Hansson, Ake Fridell.

Género: Drama.

Premios:

1957: Cannes: Premio Especial del Jurado.

1960: Seminci: Espiga de Oro: Mejor película.

Sinopsis:

Suecia, mediados del siglo XIV. La Peste Negra asola Europa. Tras diez años de inútiles combates en las Cruzadas, el caballero sueco Antonius Blovk y su leal escudero regresan de Tierra Santa. Blovk es un hombre atormentado y lleno de dudas. En el camino se encuentra con la Muerte que lo reclama. Entonces él le propone jugar una partida de ajedrez, con la esperanza de obtener de Ella respuestas a las grandes cuestiones de la vida: la muerte y la existencia de Dios.


 COMENTARIOS:

En primer lugar hay que tener en cuenta la fecha de creación del film; en segundo lugar la temática, no accesible a todos los públicos; y en tercer lugar hay que tener en cuenta que se trata de Bergman, de un cine muy personal y que tiene tantos adeptos como detractores. Sin tener en cuenta estos aspectos se pueda hablar de una maravillosa recreación del mundo medieval, de una belleza plástica impresionante de las imágenes, de una actuación claramente teatral, magnífica para el tema que se expone, y de un juego cinematográfico que resulta muy interesante.


Superados los aspectos técnicos, podremos adentrarnos en la metáfora preciosista sobre la muerte en la que el director sueco quiere introducirnos. Y viajaremos hacia el interior de unos personajes que no tienen patria y que pueden ser cualquiera, que tienen diferentes gustos, variedad de opiniones, pero que todos encuentran el mismo pavor cuando se acaba el tiempo, cuando el personaje de la Muerte se pone a tu lado y dice, "es la hora". Y es en ese instante en el que la obra se hace universal. No por tratar el tema de la muerte, sino por hacernos ver lo que esta hace sentir.

El caballero cruzado Antonius Block (Von Sydow), junto con su escudero (Björnstrand), emprende desde la playa, donde han dormido, el regreso a su castillo después de 10 años en Tierra Santa. La Muerte (Ekerot) con una túnica negra de la cabeza a los pies se le aparece para reclamar su vida pero el caballero consigue retarla a una partida de ajedrez con la esperanza de evitarla o por lo menos reflexionar antes de morir. En el viaje encuentra unos cómicos y su hijo pequeño, visitan una iglesia en construcción y se confiesa pero su confesor resulta ser la Muerte a la que ha descubierto su estrategia en el juego.

La obsesión por encontrar a Dios le lleva a indagar a todos los que le puedan dan norte: un teólogo incrédulo, una bruja que van a quemar, los flagelantes ante la cercanía de la muerte por la peste negra. Al llegar la noche emprenden el camino a través del bosque, lugar donde la muerte va eliminando al herrero y a su esposa, a uno de los cómicos, a la joven bruja; pero el caballero, viendo que la Muerte viene a por todos, desvía su atención y hace que la familia de cómicos escape de ella. Esa será la acción que dé sentido a su vida. Al amanecer llegan al castillo y la Muerte finalmente gana la partida y arrastra al caballero, a su esposa, al escudero y a los criados a bailar la danza de la muerte.


La película es una reflexión sobre el camino de la fe y el agobiante silencio de Dios cuando la peste bubónica mata a miles de personas en Europa. El guión, escrito por el propio Bergman, simboliza el viaje de la búsqueda de Dios presionado por la presencia de la muerte, que de una manera implacable, persigue al caballero y a los que le rodean.
El director, tal vez por la premura con la que se hizo la película, cayó en varios anacronismo entre otros habría que señalar que las grandes cruzadas se dieron entre finales del s.XI-XII, en tanto que la peste negra se presentó en Europa hacia 1348 y afectó a los países del sur, y que las danzas de la muerte son relatos literarios posteriores a la peste negra, y que los flagelantes fueron actos penitenciales de finales del s.XIV. Pese a estos pequeños detalles, que invalidarían una película histórica, el relato es sobrecogedor, excelente para describir el tormento de la búsqueda de Dios. Buen empleo de los simbolismos, sobre todo la equiparación de la vida con un viaje a través del bosque tenebroso lleno de acechanzas y peligros.


Para dar forma a esta arriesgada composición, el director sueco vuelve a rodearse de algunos de sus colaboradores habituales, como Bibi Anderson, Gunnar Björnstrand, o Max Von Sidow. Este último realiza una formidable actuación, creando un personaje, lleno de miedos, dudas e incertidumbre, que sabe que su fin no está lejos, y que se cuestiona todo lo que ha hecho a lo largo de su vida.

Película imprescindible, que no deja indiferente, y que conduce a la reflexión sobre temas como el sentido de la vida.
Tráiler:
Calificación: 5 de 6.

domingo, 18 de agosto de 2013

Dernier domicile connu (Último domicilio conocido) - (1970) - (Director: José Giovanni) - El cine olvidado




Último domicilio conocido

Título original: Dernier domicile connu

Año: 1970

Duración: 101 min.

País: Francia.

Director: José Giovanni.

Guión: José Giovanni (Novela: Joseph Harrington).

Música: François de Roubaix.

Fotografía: Étienne Becker.

Reparto:

Lino Ventura,  Marlène Jobert,  Michel Constantin,  Paul Crauchet,  Alain Mottet,  Béatrice Arnac.

Sinopsis:

Marceau (Lino Ventura), un enérgico y competente policía, arresta fortuitamente al hijo de un influyente abogado, que promete vengarse. El inspector Marceau es trasladado a una comisaría de barrio. Allí conoce a Jeanne Dumas (Marlène Jobert), una policía novata con la que formará equipo para luchar contra los pequeños delitos que se cometen en el barrio. Mientras tanto, la jerarquía policial se encuentra en un grave aprieto: debe encontrar en diez días a un testigo desaparecido. Desesperados, no encuentran más salida que encargarle el asunto a Marceau, pero haciéndole creer que se trata de un trabajo rutinario.

COMENTARIOS:

José Giovanni fue un hombre con una vida digna de ser llevada al cine. Nacido en Paris, de origen corso, pasó su juventud ejerciendo trabajos de lo más variado: leñador, minero, posadero, alpinista... participando activamente también en la II Guerra Mundial.
José Giovanni

En 1948 es condenado a morir guillotinado por su participación en un golpe mafioso organizado por su tío, en el que mueren varias personas. La sentencia es conmutada por 20 años de trabajos forzados. Tras su salida de prisión 8 años después decide plasmar su experiencia carcelaria en la novela "Le Trou" ("La Evasión"), que Jacques Becker llevaría magistralmente al cine poco después.

Su carrera como novelista hace que otros directores como Melville o Sautet se interesen por sus obras, y de ahí dará el salto a la dirección hasta llegar a esta magnífica "Deux Hommes Dans la Ville", mirada lúcida y negrísima al sistema carcelario y judicial francés, que recién erradicó el uso de la guillotina en 1981 (si bien la última ejecución fue en 1977).

Las obras de Giovanni son  ásperas, directas, presentando una particular visión de la realidad marcada por el escepticismo acerca de la sociedad y sus instituciones, que contrasta con una confianza sincera en las actitudes individuales, en las que sí cabe la solidaridad y la amistad.Giovanni manifiesta el mismo árido, distante escepticismo hacia la religión, el sistema judicial o las protestas estudiantiles. Pero no se trata de una película reaccionaria, sino renuente a todo tipo de idealismos. De modo que son las decisiones mínimas pero puntuales de hombres y mujeres en situaciones concretas las únicas que valen para Giovanni, o gestos imprescindibles como el de una mano en el hombro, una llamada telefónica, una mirada e incluso un cuerpo que está ahí, donde sabe que se lo necesita, aunque no nos mire.

José Giovanni ha sido un brillante novelista y guionista, autor de las mejores historias del cine francés. Un ejemplo perfecto de cómo plasmar la experiencia vital en la pantalla, y además hacerlo de forma lúcida. Ya lo decía el autor: "No hay que esperar nada de la humanidad".

Una de las razones por las que el cine de género europeo debe estarle agradecido a los franceses es su apuesta por la creación de un cine negro o policiaco propio (el "polar"), con elementos característicos, aunque fieles al espíritu clásico de estos filmes. Así, la obra conjunta de realizadores como Clouzot, Clement, Melville, y el que aquí nos ocupa, José Giovanni, posee una personalidad e importancia insoslayables dentro del género.

Esta sólida y sobria película cuenta la esforzada búsqueda de un testigo clave para un juicio por parte de un policía experto, injustamente degradado, de vuelta de todo, y una joven novata entusiasta, con una visión idealista de su trabajo. El filme destaca por la acertada construcción de estos dos personajes radicalmente distintos, pero pese a ello complementarios, cuya denodada pesquisa constituye el nudo de una narración precisa, desapasionada y que nos conduce a través de los diversos barrios del Gran París. Hay además una muy meritoria galería de secundarios que a pesar de la brevedad de sus intervenciones aparecen siempre bien dibujados, de modo que el espectador siempre percibe los principales rasgos de personalidad que los caracterizan. La historia posee un aire desesperanzado y fatalista, aspectos muy bien reflejados en el rostro y actitudes de un soberbio Lino Ventura; ello contrasta con el ánimo optimista de su joven compañera (Marlene Jobert), que encarna una nueva generación aún por desengañar, y que confía fielmente en el veterano, al que intenta seguir el paso a duras penas.

La eficaz conjunción de las interpretaciones, un sólido guión, y una labor de cámara que privilegia la fluidez del relato evitando distracciones, logra que esta película funcione como un reloj, y si a ello añadimos el poso trágico y escéptico que en todo momento preside la cinta sólo resta concluir que estamos ante un magnífico film noir. (Quatermain80)

Tráiler:


Calificación: 4 de 6.

jueves, 15 de agosto de 2013

Hombre (Un hombre) - (1967) - (Director: Martin Ritt)

Un hombre
Título original: Hombre
Año: 1967
Duración: 111 min.
País: Estados Unidos.
Director: Martin Ritt.
Guión: Irving Ravetch, Harriet Frank Jr. (Novela: Elmore Leonard).
Música: David Rose.
Fotografía: James Wong Howe.
Reparto:
Paul Newman,  Fredric March,  Richard Boone,  Diane Cilento,  Cameron Mitchell,  Barbara Rush,  Peter Lazer,  Margaret Blye,  Martin Balsam.

Género: Drama.
Sinopsis:
Historia sobre los esfuerzos de un hombre de origen indio por integrarse en una sociedad dominada por los blancos.

Comentarios:

Nos encontramos en el año 1967, época en donde la casi defunción del cine de géneros tuvo su víctima más destacada con el que quizá sea más genuinamente cinematográfico: el western. Con las nefastas influencias del spaghetti italiano y la progresiva desaparición de los grandes especialistas en el mismo sus diferente muestras fueron adentrándose en un autentico callejón sin salida.
En medio de esa coyuntura se rueda esta producción de la Fox aparentemente extraña pero en el fondo más convencional de lo que pudiera parecer, en la que Martin Ritt en buena medida quería reverdecer los laureles de la ciertamente brillante Hud (1963) y la aún muy cercana en su filmografía y a mi juicio mediocre Cuatro confesiones (The Outrage, 1964). De la primera retomaría esa extraña relación de amor – odio entre el personaje protagonista -interpretado en ambos films por Paul Newman- y una mujer de fuerte personalidad  (Patricia Neal en Hud, Diane Cilento en Un hombre),- mientras que del ciertamente poco distinguido remake del Rashomon (1950) de Akira Kurosawa asumía ese gusto por lo exótico y un alcance discursivo que impregna buena parte de ambos títulos.
Entremedias de ambos, ciertamente Un hombre (Hombre, 1967) no alcanza a mi juicio la fuerza de Hud, pero sí está muy por encima de la citada Cuatro confesiones y en su conjunto se define como un conjunto en el que quizá sus dos principales rasgos a destacar serían su atmósfera claustrofóbica –algo especialmente interesante si tenemos en cuenta que en su mayor parte está rodado en exteriores-, y por otro lado el aliento nihilista que se centra en la figura del protagonista, pero que se extiende en varios de sus otros personajes. John Russell (Paul Newman) es un blanco criado en el seno de una tribu de apaches de Arizona.
Tras la muerte de su padre ha heredado una vieja mansión que se dispone a vender, tomando contacto allí con la que ha sido su administradora –Jessie (Diane Cilento)-. Russell es un joven tan curtido como escéptico ante el mundo en el que su educación dentro de la raza india le ha hecho mantener un considerable desprecio hacia la raza blanca al comprobar el rechazo que de hecho estos han mantenido hacia los indios. Una vez llega hasta su nueva propiedad rápidamente la vende por una manada de caballos y junto a un grupo de viajeros se dirige de regreso en una diligencia. En el trayecto de nuevo podrá comprobar el desprecio que se tiene sobre su raza de adopción, especialmente por personas aparentemente educadas y que en realidad deberían demostrar una mayor sensibilidad hacia el tema –el matrimonio formado por el Dr. Favor (Fredric March) y su esposa, la arrogante Audra (Barbara Rush)-.
John Rusell desprecia su propia raza; íntimamente no se siente blanco, sino indio, y rechaza la soberbia e hipocresía que en su opinión caracterizan la civilización de los blancos. Sin embargo, las circunstancias le fuerzan a compartir viaje con un grupo de blancos, y en última instancia, a salvarlos de una muerte segura. Resulta sumamente interesante la contraposición entre las mentalidades de sus compañeros de viaje y la suya, diferencias que le convierten en un ser aparte, incomprendido, y en apariencia, insensible. Además del carácter del protagonista, Ritt nos ofrece un maravilloso muestrario de personajes, todos ellos interesantes y movidos, según el caso, por sentimientos de avaricia, amistad, temor, rechazo y solidaridad. De hecho, Rusell tendrá que inclinarse, llegado el momento, por uno de estos sentimientos, y esa decisión le definirá como hombre.
Lo mejor de la película es, sin duda, el guión, que además de ágil, se muestra siempre irónico, "afilado", y retrata a la perfección el carácter de cada personaje; en este sentido, hay que destacar la labor de los actores, desde un estupendo Newman hasta el último de los secundarios, si bien me resultaron especialmente atrayentes los personajes interpretados por Diane Cilento (una mujer de armas tomar, llena de sabiduría y atrevimiento) y Richard Boone (malo malísimo). Súmese a ello una buena labor de cámara y fotografía, un buen ritmo narrativo y sólo queda disfrutar de esta obra singular y original, que nadie debería perderse.

En ambos planos es una cinta lograda:
A nivel acción es un filme que te mantiene atento a las circunstancias narradas, el argumento no se torna nunca previsible y por momentos se vuelve lo bastante atractivo como para dar por resultado una cinta intensa y entretenida.

A nivel drama reflexivo sobre los prejuicios y las peleas de ideas que existen entre blancos e indígenas también resulta interesante, porque es un filme que aborda de manera inteligente y sin tomar partido por ninguna de las partes involucradas. Ése es un mérito grande de los guionistas aquí, que critican tanto a unos como a otros, ya que hay partes compartidas en esa siempre vigente discrepancia entre los distintos estilos de vivir y pensar de ambos bandos.

Es un western sumamente interesante, el cual además de plantear el típico entretenimiento característico de este género (caravana con dinero que es asaltada por bandidos, traiciones, emboscadas, tiroteos, etc) también se busca hacer reflexionar al espectador acerca del tema de la discriminación por prejuicios, el individualismo, la dignidad de la persona humana y la eterna lucha entre los hombres “blancos” y los indígenas.
Por supuesto, la película de Ritt se integra dentro de la lista de títulos antirracistas y pro-indios que se prodigaron en el cine norteamericano desde mitad de los años 60.

Tráiler:
Calificación: 3 de 6.

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martes, 13 de agosto de 2013

A Taste of Honey (Un sabor a miel) - (1961) - (Director: Tony Richardson) - El cine olvidado


Un sabor a miel
Título original: A Taste of Honey
Año:1961
Duración: 96 min.
País: Reino Unido.
Director: Tony Richardson.
Guión: Shelagh Delaney, Tony Richardson (Obra: Shelagh Delaney)
Música: John Addison.
Fotografía; Walter Lassally.
Reparto:
 
Rita Tushingham, Dora Bryan, Murray Melvin, Robert Stephens, Paul Danquah, Eunice Black, David Boliver, Margo Cunningham, John Harrison, Veronica Howard, Moira Kaye, Valerie Scarden, Rosalie Scase, Herbert Smith, Jack Yarker.
 
 
  Género: Drama.
  
     
Sinopsis:

Una chica de 17 años vive en un barrio obrero inglés con su madre, una mujer alcohólica y promiscua que la ignora por completo. Tras la marcha de la madre con un nuevo novio, como no tiene a quien recurrir, acaba haciéndose amiga de un homosexual, tan solitario como ella. que está dispuesto a cuidarla a ella y a su futuro hijo, pues la chica se ha quedado embarazada después de una aventura esporádica con un marinero.
Premios:
1961:  Premios BAFTA: Mejor película británica
1962:  Festival de Cannes: Mejor actor y mejor actriz (ex-aequo).


COMENTARIOS:


El Free Cinema inglés fue un movimiento surgido a finales de los años 50 y principios de los 60, en el que un grupo de directores jóvenes "airados" quiso hacer un "cine libre", acercar el realismo al cine de ficción, retratando los problemas sociales de las clases bajas, mostrando con toda crudeza los dramas que viven los protagonistas, muchas veces atormentados e inadaptados en ese mundo que les ha tocado vivir.



Es significativo que se utilice el blanco y negro, y que los temas se aborden de una manera seca, casi como de documental. Los films no dejan indiferente, todos ellos tienen mucha fuerza y dan paso a la posterior reflexión. Sobra decir que es imprescindible revisarlas en versión original, pues se aprecia mejor el acento de las ciudades inglesas en que se desarrolla la acción (Manchester, Nottingham), así como también la forma de hablar de ciertos estratos sociales.

Versión cinematográfica de una obra teatral escrita cuando tenía 17 años por Shelagh Delaney, que se encargó de la adaptación del guión. Dirige el británico Tony Richardson que anteriormente había sido responsable de la versión teatral de Broadway (con Joan Plowright y Angela Lansbury).

El film ganó 4 premios BAFTA, incluyendo el relativo a mejor película y los premios al mejor actor (Murray Melvin) y actriz (Rita Tushingham), en el festival de Cannes. El cineasta logra darle una gran humanidad a los personajes a pesar de la dureza de una historia que trata temas considerados tabú hasta entonces, como el embarazo adolescente y la homosexualidad.


A taste of honey, es uno de los films más sombríos y pesimistas de todo el free cinema inglés, donde unos seres aislados van a la deriva impotentes para construir su vida y sus inestables relaciones terminan invariablemente fracasando. También es uno de los mejores films de este breve movimiento, breve por el tiempo y breve por el corto número de notables películas a las que lo tenemos asociado, apenas media docena. Magníficamente interpretado ( extraordinaria Rita Tushingham) y con la característica fotografía en blanco y negro de estos films, recreándose en la barriadas obreras con sus viejas casas de ladrillo renegrido en un paisaje fabril de humeantes chimeneas.
Estupenda película y una de las piedras angulares del efímero movimiento conocido como "Free Cinema" que se desarrolló a finales de los cincuenta y principios de los sesenta en el Reino Unido. Resume las principales características de este movimiento: realismo a ultranza en el retrato de las clases sociales más bajas de la sociedad inglesa, tratamiento valiente y sin moralina de temas que aún hoy siguen siendo conflictivos - relaciones disfuncionales, sexo adolescente e interracial, aborto, homosexualidad, alcoholismo-; todo ello filmado de forma casi documental - magnífica fotografía en blanco y negro, uso de la cámara en mano, la acción no se desarrolla en decorados sino en lugares reales, los suburbios de una Manchester industrial y sucia en al que los niños juegan en solares entre basuras y aguas fétidas, y como contraste breves escapadas a ferias en las que los personajes intentan escapar de la dureza de sus vidas entre espectáculos ruidosos y grotescos que les asombran como si fuesen niños.




Todo ello perfectamente plasmado a través de las muy buenas interpretaciones de un elenco perfecto y es que no parecen personajes sino personas. Aunque todos están más que bien me han gustado particularmente Murray Levin en su sensible encarnación de Geoff; Dora Bryan formidable como Helen, la madre caprichosa, egoísta y dominante; Robert Stephens (el Holmes de Wilder) como Peter el insoportable novio de Helen.

Es cierto que el Free Cinema duró muy poco, algunos de sus artífices marcharon a Hollywood a desarrollar carreras bastante erráticas pero dejaron diez o doce películas muy valiosas.
 




Tony Richardson fue sin duda el más dotado de este grupo de "jóvenes airados" aunque posteriormente tuvo una carrera en EEUU. muy irregular. Hay que destacar la evidente influencia que la "Nouvelle Vague" tuvo en este director, especialmente "Los cuatrocientos golpes" de Truffaut en esta y en su célebre "la soledad del corredor de fondo"
Notable.
"Mira eso, está muerto. Un poco de amor, un poco de placer, y terminas así. No pedimos la vida, nos arrojan a ella".
Tráiler:



Calificación: 5 de 6.

lunes, 12 de agosto de 2013

Les saveurs du Palais (La cocinera del presidente) - (2012) - (Director: Christian Vincent)



La cocinera del presidente
Título original : Les saveurs du Palais
Año : 2012.
Duración: 95 min.
País: Francia.
Director : Christian Vincent.
Guión : Etienne Comar, Christian Vincent.
Música : Gabriel Yared.
Fotografía : Laurent Dailland.
Reparto :
Catherine Frot, Jean d'Ormesson, Hippolyte Girardot, Arthur Dupont, Jean-Marc Roulot, Arly Jover, Brice Fournier.
Género: Comedia.
Sinopsis:
En La cocinera del presidente, Catherine Frot interpreta a Hortense Laborie, que organiza las comidas de una base científica en la Antártida. Años antes, entró a trabajar en el Palacio del Elíseo, como cocinera personal del presidente y de sus invitados más íntimos en cenas privadas. Laborie, que no tenía formación culinaria pero había aprendido desde pequeña observando a su abuela y a su madre, se esforzaba por preparar recetas relativamente sencillas rememorando los platos que más gustaban a su familia, a pesar de que apenas podía adivinar si estaba cumpliendo bien su trabajo, ya que su contacto con el mandatario era mínimo. Su abnegada dedicación desató algún caso de celos.

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¿Qué es “La cocinera del presidente”?. Una película basada en la historia de Danièle Mazet-Delpeuch, una mujer que daba cursos de cocina en la región de Périgord y que un buen día se convirtió en la cocinera personal del presidente francés François Miterrand. ¿Cómo llegó a ocupar ese puesto? Según se cuenta en la película, la recomendaron chefs como Joel Robuchon. Miterrand quería alguien que hiciera comida simple y casera, una cocinera que le trajera "lo mejor de Francia", y ella era una crack manejando productos como la trufa, el foie o las setas.

Bueno, ¿vale la pena verla? No es el peliculón que vaya a cambiar tu vida, peca de un exceso de amabilidad y tiene algún momentito un poco moña. Pero pasas un rato agradable viéndola, y más si eres un amante de la buena comida. ¿Sólo eso? También adquieres un poco de culturilla sobre la gastronomía de Francia -el país que inventó la cocina refinada, no lo olvidemos- que nunca viene mal. Incluso puedes inspirarte para hacer algún plato en casa: a mí me han entrado bastantes ganas de probar unas coles rellenas de salmón y una especie de pastel de foie. Sí, pero seguro que nadie comió nada durante el rodaje porque la comida era toda de mentirijillas, como en los anuncios. Pues no. El equipo cocinillas del rodaje estaba compuesto por Gérard Besson y Guy Leguay –dos chef con estrellas Michelin– y Elisabeth Scotto, una estilista gastronómica que suele trabajar en la revista Elle. Las premisas eran sencillas: tenían que crear comida tradicional, bonita y que se pudiera comer de verdad. ¿Desvelan cotilleos de la vida de Mitterrand? No gran cosa, pero sale una historia que –si es verdad– es graciosa: de pequeño le gustaba leer libros de cocina y se aprendía recetas de memoria.

Como ya he dicho, se trata de una biografía. Tiene toques de comedia y drama sin aventurarse demasiado en ninguno de los dos géneros. Tampoco es lo que nos importa aquí. Lo que me interesa esta obra dirigida por Christian Vincent son todos los platos de la cocina tradicional francesa que se muestran en pantalla. Así como todos los trucos de cocina.
Lo interesante, a nivel culinario, es que mientras está en palacio, Daniele Delpeuch se esfuerza en comprar los mejores productos posibles, caseros, tradicionales, cultivados "a mano" para darle el mejor sabor posible. Una vez en la Antartida, con una cocina industrial, y sin acceso a productos frescos recién cosechados, sigue poniendo el mismo empeño a la hora de cocinar para los fatigados miembros de la expedición francesa en el frío polar.

Es quizás la parte de la narración que corresponde al “presente” (puesto que la aventura de Hortense se cuenta a modo de recuerdo, o flashback) en el que ella se encuentra trabajando en un lugar inhóspito, lejos de todo y de todos, la que lastra un tanto la historia por su escaso interés y resulta un tanto “de relleno”.
No obstante, esta peculiar y suculenta historia, es, como los platos que prepara Hortense, fácil de digerir, degustar y disfrutar. Eso sí, a diferencia de ellos, no impresiona ni deja poso en la memoria, entretiene dejando buen sabor de boca pero no resulta inolvidable ni destacable.

Su reivindicación de la cocina tradicional recuerda lejanamente a Ratatouille, el film animado de Pixar. Por lo demás, La cocinera del presidente entretiene y tiene un tono amable. Como era de esperar, Catherine Frot le saca mucha tajada a la protagonista, expresando un mundo de sentimientos a pesar de que no pasa por grandes conflictos dramáticos. Su personaje está sobre todo sugerido, pero se sabe algo de él, lo que no se puede decir del resto de los que están a su alrededor. Por lo demás, el veterano realizador Christian Vincent (La discreta) cumple su cometido, pero quizás le falta intentar volar un poco más alto.

Tráiler:



Calificación: 2 de 6.