lunes, 7 de abril de 2014

The Three Godfathers (Tres padrinos) - (1948) - (Director: John Ford)




Tres padrinos
Título original: The Three Godfathers
Año: 1948
Duración: 103 min.
País: Estados Unidos.
Director: John Ford.
Guión: Peter B. Kyne, Laurence Stallings, Frank S. Nugent.
Música: Richard Hageman.
Fotografía: Winton C. Hoch.
Reparto:
John Wayne, Pedro Armendariz, Harry Carey Jr., Ward Bond, Mildred Natwick, Mae Marsh, Ben Johnson, Jane Darwell.
Género: Western.
Sinopsis:
Tres forajidos asaltan un banco en la pequeña localidad de Welcome, una aldea antes llamada Tarántula, próxima al desierto de Arizona. Durante su huida del sheriff descubren a una mujer moribunda que está a punto de dar a luz en medio del desierto. Ésta les hace prometer que cuidarán de su pequeño, hasta que le hayan sacado de allí. Los hombres aceptan, aunque el chico retrasará su huida.


COMENTARIOS:
  
El maestro John Ford comenzó en la época del cine mudo, y a lo largo de cinco décadas dirigió más de 140 películas. Casi todas son correctas, ninguna está considerada un patinazo en su carrera y unas cuantas son indiscutibles obras maestras. Curiosamente, estas últimas están casi todas protagonizadas por su actor fetiche, John Wayne, como El hombre que mató a Liberty Valance, Centauros del desierto, La diligencia, o El hombre tranquilo. Ésta es una de las colaboraciones más desconocidas entre el actor y el cineasta, y sin llegar a la altura de los títulos citados, se trata de una cinta muy correcta, de argumento entrañable.


“Tres padrinos” es la historia de tres vaqueros que tienen que hacerse cargo de un bebé, pero ni siquiera lo tierno del argumento consiguió domesticar la legendaria personalidad de John Ford. Aquella era la primera vez en la que el director contaba en el reparto con Harry Carey Junior, hijo del veterano  Harry Carey, que había actuado en varias películas de Ford. Una vieja amistad que, sin embargo, no le valió el más mínimo trato de favor. “Vas a odiarme cuando terminemos esta película”, le advirtió el primer día el director. “Pero harás una gran interpretación”. Y dicho y hecho. Durante el rodaje en Monument Valley, la temperatura llegaba hasta los 54 grados y, según cuenta Joseph McBride en su biografía del maestro, “Ford trató a Harry de forma tan despiadada que el joven actor pensó que moriría de verdad mientras estaban rodando la escena de su muerte”.



John Ford también cumplió la segunda parte de su amenaza y lo cierto es que Harry Carey Junior logró una gran interpretación al lado de actores tan experimentados como Pedro Armendáriz y John Wayne. Además, al final, y después de tanto sufrimiento, el director le demostró que, bajo sus rudos modales, escondía un buen corazón. El último día de rodaje tuvo el detalle de presentarse con Sunny, el caballo que había montado su padre en varias películas y que el director había pedido prestado a la Metro para la ocasión.


La cinta reincide en uno de los temas favoritos de Ford, las relaciones humanas en un grupo variopinto durante una situación extrema, que el maestro trató sobre todo en “La diligencia”, “Centauros del  desierto” y “La patrulla perdida”. Además, lanza interesantes notas sobre la necesidad de formar una familia, la resistencia del ser humano y el espíritu de sacrificio. Los diálogos son especialmente memorables, y Wayne está acompañado por magníficos secundarios, casi todos habituales del cine del realizador, y miembros de la llamada “compañía estable” de John Ford, Ward Bond y Pedro Almendariz (este último, fabuloso). La película está nostálgicamente dedicada a la memoria de Harry Carey, "estrella luminosa de las primeras películas del oeste".


Por lo demás se trata de western muy atípico, donde apenas se dispara una bala. Ford narra a modo de cuento, con muchos detalles humorísticos. Al viejo Jack le interesa la fábula moral por encima de todo. A este respecto la aventura de los tres protagonistas corre paralela algunos relatos evangélicos relacionados con la Navidad: un niño, una mujer, tres hombres, una estrella que los guía, un asno y su pollino... La fotografía en color de Winton C. Hoch destaca en algunos planos espléndidos.
En resumen, película atípica del oeste, en la que el gran John Ford, saca su vena irlandesa y católica, para presentarnos un cuento de Navidad, en el inhóspito desierto de Arizona. La cinta tiene ese regusto entrañable y bonachón que sabe poner Ford, como en "El hombre tranquilo".


Una película de Ford siempre es una película de Ford.

Tráiler:


Calificación: 3 de 6.

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